Introducción
Hace más de siete años que hago el mismo trayecto, en colectivo, de mi casa hacia el lugar en el que trabajo, por la mañana, y viceversa, por la noche. En función de ello, creo que tengo experiencia suficiente para encarar este texto. Seguramente, habrá quienes tengan mucha más experiencia que yo, y realmente lo siento mucho por ellos.
Voy a organizar el texto en ítems porque se me ocurre que así su lectura será más fácil; el orden de los mismos estará librado al azar y no obedecerá al grado de odio que en mí despierte el acusado. Dando por terminado el preámbulo, arranco:
1: No sabe hacer una cola
Este es el usuario de colectivo que, si le toca ser el primero en la fila, en vez de pararse a esperar el colectivo al lado de la parada, lo hace a una distancia considerable, pongámosle veinte o treinta pasos, que resultan totalmente faltos de sentido y que hacen que los que van llegando detrás de él queden muy lejos de la parada.
2: No es previsor
Tipo de usuario de colectivo que considera el pago del boleto sólo cuando terminó de decirle su destino al conductor y se enfrenta ante la máquina; en ese momento, y sólo en ese momento, empieza a buscar monedas en sus bolsillos --que por lo general no tiene-- para luego entrar a revolver su bolso, mochila o lo que fuera en miras de conseguir lo necesario para pagar el viaje. Suele suceder que termine pidiendo cambio a algún pasajero que esté cerca luego de solicitárselo al conductor, que nunca tiene o al menos eso dice.
3: Fundamentalista del peinado
Seguramente, ahora que estamos en verano muchos habrán sufrido a este tipo de usuario.Este viajero, que va sentado, se hizo un peinado que considera tan valioso que por nada del mundo abrirá la ventanilla para proteger su prolija cabellera de los embates del viento. Obviamente, y por eso el repudio, no le importa que se esté en verano y haga más de treinta grados, y adentro del colectivo, mínimo, cincuenta.
4: No es amigo de Colgate
Desde chiquitos, papá y mamá nos enseñan a lavarnos los dientes cuando nos despertamos, después de cada comida y antes de irnos a dormir. Muy bien: o algunos no les tocó esa suerte y luego no lo aprendieron por su cuenta o tal vez se lo olvidaron, porque lamentablemente es usual sentir un aliento a camión de basura que proviene del pasajero que tenemos atrás. Bueno sería que, por lo menos, trabajara una pastillita de menta.
5: Gran apertura de piernas
Cuando un colectivo está repleto, el peor lugar para ubicarse es parado y en el medio de los que están de pie contra las ventanillas. Sobre todo, por supuesto, si estamos en verano. En esa posición, uno está lejos de la ventana y pegoteado contra alguien adelante y alguien atrás y otros más a los costados. Insufrible.
6: Bellos durmientes
Todos los que laburamos, por lo general, tenemos sueño y estamos cansados. Pero eso no justifica el accionar del viajero que se sienta adelante de todo y pispea a los que están por subir al colectivo por si entre ellos llega a haber una embarazada, una viejita, alguien con una criatura, un herido de guerra. Apenas visualice, este tipo de usuario de colectivo, a una persona de ese grupo, se hará el dormido para evitar levantarse de su asiento y cederlo, como bien correspondería.
7: Te vas a quedar sordo, boludo
Y ya que de auriculares hablamos, entramos a esta categoría de viajero en colectivo, que es aquel que escucha música a través de su radio, walkman, discman, celular, reproductor de mp3, iPod o lo que fuera a un volumen bestial, inconcebible.
9: Colectivero mala persona
Y no podría haber una recopilación de las malas costumbres de los actores del viaje en colectivo sin mencionar al mismísimo colectivero. Puntualmente, voy a mencionar sólo dos de sus cosas que despiertan odio.
Conclusión
Mientras hacía esta recopilación, descubrí que hay una característica en común para todos los tipos descriptos, y la misma es la completa falta de códigos. Así es: cada uno de estos viajeros no tiene códigos; tienen poco sentido común, no piensan, tienen mala leche, son poco solidarios, sucios. En fin: muerte, muerte, muerte.
Sin embargo, no quiero finalizar este texto de odio con odio, sino que me parece mejor hacerlo con lo opuesto, y para ello tengo para relatar un pequeño suceso que vi hace pocos días.
Eran las once y media de la noche. Viajaba en el 2. De repente, una viejita de más de ochenta años se subió al colectivo, con claras dificultades para hacerlo, y de inmediato una chica que iba sentada adelante de todo se paró, la ayudó a subir, le dio su asiento, le pidió las monedas para sacarle el boleto, lo hizo y se lo dio. Y todo con una sonrisa. Faltaba no más que la arrope e hiciera aparecerle un café con masitas y una pantalla con la proyección de una película a elección.
El suceso, aunque simple, me conmovió y me dieron ganas de abrazar a esa muchacha y darle las gracias en nombre de todos los que apostamos a los buenos valores, o lo intentamos, como el arma para vivir mejor. O, al menos, para viajar mejor en colectivo.







